Son ya más de muchas las veces que en tan poco tiempo, las fichas de dominó, estructuradas de manera aleatoria, las que han ido cayendo de manera simultánea. Pesadas todas ellas, cual pilares de castillo formados de hormigón sustentados en las nubes del cielo, techo y cobijo de vida. Imposibles de parar y sin correlación alguna, han ido cayendo sin necesidad de un simple suspiro. Alguien ya me dijo hace años: “Los castillos en el aire pesan más que la razón del ser humano por y para el deseo de la propia felicidad. Caen por su propio peso“. Son fichas que ya no guardo en mi bolsillo interior, las mismas que ya no impiden alcanzar el fondo del saco de mi pensamiento, sentimiento y deseo de ser uno mismo. Cayeron…..y ni siquiera me interesa donde tocaron suelo firme, si se quedaron cara arriba o de culo al mundo, ni el más mínimo destello de reflexión me hace pensar retomar la partida
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